La bellísima costa de Ciudad del Cabo, la estremecedora Robben Island, el imponente Union Buldings de Pretoria o las pintorescas calles de Soweto en Johannesburgo. En un punto u otro del país, los que tuvieron la suerte de pisar Sudáfrica pudieron vivir un sueño de película: visitar las locaciones reales en las que se rodó "Invictus", el filme que cuenta uno de los mayores desafíos de Nelson Mandela.
El último trabajo de Clint Eastwood como director cuenta la historia de cómo Mandela (interpretado por Morgan Freeman) apeló al equipo sudafricano de rugby, los Springboks, para unificar su país, despedazado y envuelto en un odio visceral entre negros y blancos tras casi cinco décadas de Apartheid.
La película, de Warner Bros, se centra en la relación que construyen Mandela y el capitán de los Springboks, Francoise Pienaar (Matt Damon) y en cómo el entonces mandatario logró que todo un país se uniera detrás un símbolo detestado por la mayoría negra: la camiseta verde de ese equipo.
"Lo que hay que entender es que, a los sudafricanos negros, la camiseta de los Springboks les recordaba intensamente el Apartheid. La odiaban porque simbolizaba, como otras cosas, las tremendas humillaciones a las que estuvieron sometidos. La habilidad de Mandela fue reconocer que ese símbolo de división y odio se podía transformar en un poderoso instrumento de unidad nacional", explica John Carlin, autor del libro "El factor humano", en el que se basa la película.
Un país que quería grandeza. Un líder que deseaba construir una nación. Un mensaje siempre a flor de piel: "Todo es posible". Y un evento tan único como el Mundial que acaba de terminar, la final de la Copa del Mundo de rugby de 1995. Ese fue el escenario y todos pusieron manos a la obra.
Aunque el régimen segregacionista había terminado oficialmente, la discriminación y las actitudes raciales no se podían eliminar de la noche a la mañana. Hacía falta algo más. Con Sudáfrica lista para ser la sede de esa Copa del Mundo, Mandela soñaba con reconciliar al país de la mano de los Springboks. Sabía que la única forma de salir adelante es con blancos y negros trabajando juntos, como un equipo de rugby.
Para la mayoría de las personas el torneo de aquel año pasó casi sin pena ni gloria, sin embargo, para los sudafricanos fue un momento decisivo en su historia, una experiencia que ayudó a cicatrizar las heridas del pasado.
En la película, Mandela acude a Pienaar para que lleve a los Springboks a la gloria. Parecía una tarea imposible. Durante años, el Apartheid mantuvo a Sudáfrica muy lejos de las competencias deportivas internacionales. Nadie, ni siquiera Pienaar y sus hombres, pensaba que los Springboks fueran capaces de ganar.
Pero Mandela sacó su "arma" secreta. Un poema llamado "Invictus" del escritor británico William Ernest Henley para convencer a Pienaar. Esa fue la muleta que le permitió transitar y soportar los 27 años que pasó tras las rejas. "Un equipo, un país" fue el lema que eligió y el que los unió.
De la Copa 95 participaron 16 equipos, entre ellos, Argentina que no logró llegar a los cuartos de final. Sudáfrica fue uno de los ocho mejores equipos, venció a Samoa (por 42 a 19), luego a Francia (19-15) y finalmente, en Johannesburgo, en el hoy remodelado estadio Ellis Park, le robó la ilusión a los "temibles" All Blacks.
La película, filmada completamente en suelo sudafricano, muestra cómo Mnadela puso en juego su futuro como presidente; reconstruye cómo una nación se unió gracias a esos hombres de manera absoluta y repentina; y cómo se sembraron las bases del milagro sudafricano que en 2010 les permitió organizar el primer Mundial de fútbol en el continente negro.




