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El arte de jugar hasta los 50

Stanley Matthews es uno de los más grandes jugadores de la historia del fútbol inglés. Era un wing clásico y en 1956 se convirtió en el primer Balón de Oro de Europa, con 41 años. Participó en la 2ª Guerra Mundial y luego disputó los Mundiales de 1950 y de 1954. Se retiró al cumplir cinco décadas, todo un récord.

06/05/2010 - 08:53 / Waldemar Iglesias - wiglesias@clarin.com

El estadio Britannia, en Stoke on Trent, encierra preciosos misterios. No es casual, ya que bajo su césped están las cenizas de un inolvidable: Stanley Matthews, ese futbolista que se ganó la gloria con gambetas y con constancia. Y con un dato que lo describe: se retiró oficialmente a los 50 años. También allí, en la puerta del estadio, hay una estatua que lo evoca. Y una suerte de epitafio cuenta: "Su nombre es símbolo de la belleza del juego, su fama intemporal e internacional, su modestia y deportividad universalmente aclamadas. Un jugador mágico, para el pueblo, del pueblo".

Stanley era el hijo de una celebridad regional: El Barbero Boxeador. Cuando tenía quince años ayudaba a su padre en la barbería y trabajaba como albañil hasta que el equipo local, el Stoke City, le ofreció su primer contrato, de una libra por semana. Cosas de otro tiempo: el crack inminente podía resultar un auténtico anónimo. Sin voz, sin pantalla, sin dinero.

Hubo un momento que le cambió el mundo. Lo cuenta Enrique Vaquerizo en Notas de Fútbol: "La Segunda Guerra paralizó la mayoría de las competiciones y muchos jugadores se alistaron en el ejército. Matthews ingresó en la Fuerza Aérea como preparador físico. Durante la época, el gobierno inglés desmovilizaba jugadores del ejército para disputar partidos amistosos que levantasen la moral de la población. Manchester United, Arsenal o Blakpool tendrían el privilegio de contar con el genial siete de forma testimonial. Al finalizar la contienda, el Blackpool sería quien le contratase por la cifra récord para la época de 11.000 libras". Para entonces, Stanley tenía 32 años. El entrenador del club, Joe Smith, le preguntó: "¿Estás en condiciones de jugar dos años más?" La historia demostró que lo conocía poco. O nada. Una década después, en 1956, se convirtió en el primer Balón de Oro de Europa. Detrás de él quedaron en la elección Alfredo Di Stéfano y Raymond Kopa, figuras estelares del Real Madrid y los siguientes ganadores del premio. Un año después, Matthews fue nombrado "Sir" por la Corona Británica.

Sobre su juego, escribió Martín Muñoz Elena, de Univisión: "A pesar de que los defensas sabían lo que les iba a hacer, y que intentaban impedirlo, no lo conseguían. Algunos dicen que Matthews sólo sabía hacer una cosa. Si eso es verdad, está claro que la hacía como nadie. El futbolista inglés amagaba con la izquierda, un ligero toque y luego un recorte seco, como un latigazo y el defensa, a pie cambiado, sólo podía mirar cómo se iba con el balón". No era casualidad: le decían El Mago del Regate. Curiosidad de un personaje sin olvido: apenas ganó un título (la FA Cup, en 1953, con el Blackpool).

También tiene su costado mitológico la historia de Matthews, claro. Retrata el periodista Ramón Flores en su blog Diarios de Fútbol: "En un partido en el que su equipo iba ganando hizo un sprint en dirección al corner, y mientras llegaba su marcador sacó un peine del bolsillo y se arregló su pelo. O como, tras haber pedido ser traspasado del Stoke, una multitud de hinchas enloquecidos se manifestaron alrededor del viejo Victoria Ground para hacerle recapacitar".

Murió hace diez años, tres semanas antes de cumplir 85. La noticia se conoció justo antes de un clásico entre Argentina e Inglaterra (ese seleccionado para el que jugó 54 partidos, tres de ellos en las dos Copas del Mundo que disputó: Brasil 1950 y Suiza 1954). A su funeral, en Stoke, concurrieron más de 100.000 personas. Se fue sin saberlo: no había olvido posible para su magia.

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