Todos los uruguayos y los que conocen a Sebastián Washington Abreu lo sabían. Esa preciosa locura podía volver a suceder. Sí, también en ese instante que era la historia misma, en ese penal que valía el regreso a una semifinal luego de 40 años. Y ahì fue él, convencido de todo. Un rato antes le había pedido al Maestro Tabarez patear el último penal de la serie frente a Ghana. El técnico le dio la oportunidad. Le depositó toda la confianza y mucha responsabilidad. El delantero del pelo largo y el carisma enorme, acomodó la pelota, caminó cuatro o cinco pasos hacia atrás, miró ese Soccer City de Johannesburgo repleto de ansiedades, no se inhibió. Se creyó que estaba en Minas, ese rincón del mundo que lo vio nacer y crecer. Y fue, pateó, la picó y la pelota mansa como él pretendía se metió en el arco de Richard Kingson, ese arquero que había caído en esa suerte de engaño de ese Loco tan cuerdo.
Entonces, Abreu fue el dueño de ese escenario mágico: La Celeste entre los cuatro mejores. Y lo fueron a abrazar todos sus compañeros y él, un ilusionista incluso ante las situaciones determinantes, estaba feliz en el fondo de esa montaña humana. Lo había imaginado tal cual sucedió. Se animó a jugar a lo que más le gusta: ser un superhéroe. Y le volvió a salir bien, como en el último campeonato carioca, cuando con otro penal en el que la picó le dio el tìtulo al Botafogo.
El gol decisivo de Abreu resultó también un homenaje a Antonin Panenka, el futbolista del seleccionado checoslovaco que con un penal asì le dio el tìtulo a su equipo en la Eurocopa de 1976, en la definición frente a Alemania. Por eso, esta jugada (también empleada por Zinedine Zidane en la final del Mundial de 2006, ante Italia) lleva el nombre de aquel mediocampista nacido en Praga. Lo contó alguna vez: "Yo ensayé dos años antes antes de tirar así en la final de la Eurocopa 76. Para poder hacerlo no hay que tener ninguna duda. Ese penal se tira siempre al centro del arco y sabiendo con seguridad que el arquero se jugar a un palo".
Panenka -ahora presidente del club Bohemians, que participa en la Gambrinus Liga (la Primera División en la República Checa)- elogió hace cuatro años la resolución de Zidane: "Lo hizo muy bien. Creyó en él mismo, esperó hasta último momento y ejecutó sin dudar en un momento muy importante". El año pasado, por la Liga de España, Javier Casquero tuvo la misma osadía. Su equipo, Getafe, igualaba 2-2 ante el Real Madrid en el Santiago Bernabeu y tenía un penal a favor. Iker Casillas, parado en el centro del arco, extendió sus manos y atajó. Luego, con un gol de Gonzalo Higuaín ganó el equipo local. El diario As lo consultó al respecto. El fundador de esta jugada fue terminante: "Pues sí, lo he visto. Y ya me han preguntado algunos amigos. A todos les he dicho lo mismo: no me reconozco en ese penalti. Casquero tiene que saber que patear así no es cualquier cosa. Lo peor es que nunca se le debió ocurrir tirar un penal así a un portero como Casillas, uno de los que más en forma está del mundo. Casillas está en lo mejor de su carrera, puede aguantar cuanto quiera, como ocurrió esta vez". Queda una impresión: seguro debe estar contento con Abreu, ese Loco que heredó esta jugada de la que ya es un profesor.



