Un Mundial abre espacio para este tipo de historias. Uruguayos que llegan a Sudáfrica desde Salto, desde Montevideo y hasta desde Sydney para estar presentes en la que -imaginan, desean- puede ser la primera victoria de la Celeste desde Italia 90 en Copas del Mundo. En general, coinciden en el optimismo pero también en esa cautela tan propia de los orientales mientras no se los "raspe" un poco.
Queda claro que lejos de casa esas fronteras algo mentirosas que tenemos tan presentes en nuestros países natales se desdibujan bastante. Por eso no sorprende verlos enganchados con la suerte de los distintos países sudamericanos y hasta soñar con una final rioplatense. Todo siempre dentro de esa mesura que abandonarán por unas dos horas en la puerta del estadio.



