Es contagiosa la felicidad futbolera uruguaya. Porque solo ellos, aferrados al alma de su historia, creyeron que esta Selección del Maestro Tabarez podía llegar hasta donde llego. Porque hay una vieja semilla que no deja de prometer sueños. Si ellos, al cabo, fueron los "inventores" de los títulos mundiales. Desde un costado del Río de la Plata, se llevaron el oro en los Juegos Olímpicos de 1924 y de 1928. Y fueron campeones en el primer Mundial, en casa propia, en 1930. Y otra vez, cuando volvieron a participar, en 1950, dando el golpe en el absorto Maracaná. El abanderado de hoy es Diego Forlan, que trae su alcurnia. Pablo, su padre, fue campeón de todo en Peñarol, San Pablo, Cruzeiro, Nacional, Defensor y estuvo en los Mundiales de 1966 y 1974. Y su abuelo materno, Juan Carlos Corazo, también futbolista, fue el técnico de la Celeste en 1962. Diego potenció la historia familiar. Desde su llegada a Independiente, y en su paso por el Manchester United, por el Villarreal y ahora en Atlético Madrid. Goleador en todas partes. De derecha y de zurda. De cabeza. Y desde su puesto de capitán se consolidó como figura.
Los que quedaron:
Sudáfrica
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Francia
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Grecia
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Nigeria
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Eslovenia
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Argelia
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Australia
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Serbia
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Dinamarca
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Camerún
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Costa de Marfil
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Corea del N.
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Nueva Zelanda
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Italia
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Suiza
Honduras
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Corea del S.
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EE.UU.
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Inglaterra
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México
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Eslovaquia
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Chile
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Japón
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Portugal
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Brasil
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Ghana
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Argentina
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Paraguay
ENCUESTA
Sin Maradona, ¿quién debe ser el técnico de la Selección?
DT
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