No es un león porque luce esa melena dorada que lo acompaña desde que era un botija de Carrasco. Si algo tiene de ese felino que sostiene entre sus brazos y que ilustra esta página de Misión Mundial, es por su sentido de la supervivencia. Es que Diego Forlán no quiso ser futbolista por herencia. La decisión de seguir los pasos de su padre Pablo, aquel inolvidable lateral multicampeón con Peñarol y San Pablo, y de su abuelo materno Juan Carlos Corazo, mediocampista central de Independiente en la década del treinta, nació en una tragedia.
Justo un año después de que ese mismo técnico que hoy lo tiene como principal referente fuera eliminado del Mundial de 1990 por el anfitrión Italia, nada menos, su hermana Alejandra sufría un accidente automovilístico. El novio, murió. Ella, nunca más volvió a caminar. Los gastos médicos sacudieron el presupuesto de la familia Forlán. Y Diego, que por entonces tenía edad de colegio primario, abandonó esa raqueta que lo conducía a un futuro de Copa Davis. Con un objetivo: se prometió a sí mismo ser jugador de fútbol, como el viejo, como el tata, para colaborar económicamente en la recuperación de esa mujer bonita. Fue su mejor gol, sin dudas.
Por eso hoy, este León uruguayo que rugió en las redes de Sudáfrica mientras se caían los rivales más salvajes, puede sentirse satisfecho como persona, al margen de ese talento impulsado por la desgracia. La Fundación Alejandra Forlán, cuyo objetivo es ayudar a víctimas de siniestros viales, es todo un éxito. Y su hermano, embajador de Unicef, el dueño de una carrera sensacional que es, sin dudas, el mejor premio. Incluso, pese a que ahora está nominado entre los mejores diez jugadores del Mundial.
"Yo estoy contento por la campaña que hizo Uruguay. Si me dan el Botín de Oro y me eligen el mejor jugador, sería un broche de oro, justamente, para este momento único. Pero no es fácil, hay grandes futbolistas en la competencia", le dice a Clarín bajo el sol de Summerstrand, este rincón de Africa con reminiscencias marplatenses. Y se pone colorado cuando se le marca que en sus cuentas de Twitter y Facebook hay un link directamente vinculado al portal en el que todos pueden votar entre ese top ten que escogió la FIFA. "Es una iniciativa de un amigo que me maneja la página, no soy yo el que está detrás de ella", aclara.
-¿Pero no te imaginás ser elegido el mejor? Hiciste un gran Mundial.
-Es complicado. Yo vine a aportar lo mío para que Uruguay se transformara en campeón. La verdad, llegamos muy lejos, más de lo que esperamos. Y lo que más feliz me pone es eso, justamente.
-Y en tren de imaginar, ¿creías que Uruguay podía llegar a tanto?
-Esto no es obra de la casualidad sino algo que viene mejorando hace varios años. Cuando me preguntaron cómo nos podía ir en el Mundial, yo contesté que tenía fe. También era consciente de que nos podíamos ir en la primera ronda. Fijate España, hoy está en la final y estuvo a punto de quedarse afuera del grupo.
Ya no es aquel pibe que creció en Peñarol y Danubio en su orilla del Río de La Plata, aquel que explotó en la costa ajena, con la misma camiseta roja que lució su abuelo en Avellaneda. A los 31 años, tras su impacto en Manchester United, Villarreal y Atlético de Madrid, Forlán es un delantero maduro que está atravesando su mejor momento. Por eso resalta: "La temporada no había arrancado bien, pasé momentos complicados, pero a esta altura no me puedo quejar. Salimos campeones de la Europa League y hoy estoy ante esta posibilidad. Es algo soñado".
-¿Cómo estás después de la semifinal? No pudiste terminar de jugar por una lesión.
-Estoy bien, recuperado. Llevo 67 partidos en la temporada y el cansancio se siente en el cuerpo. Pero no me quería perder este partido.
-¿Pasó la bronca de la derrota ante Holanda?
-Más o menos. Nos dolió a todos no jugar la final. Pero, bueno, van pasando los días y uno, haciendo el duelo. El otro día veíamos el partido de España y Alemania y nos daba lástima. Pensar que podríamos haber estado mirando de otra manera, analizando al posible rival. Fue un golpe duro para todos por la manera que se perdió, estuvimos cerca de empatar. Pero, bueno, como otras veces tuvimos el palo a favor, que nos salvó contra Ghana, el otro día todas las de los holandeses pegaron en el poste y fueron hacia adentro.
-¿Te veías en la final?
-¿Sabés qué pasa? Nos queda el sabor amargo de haber estado ahí. Por más que toda la gente esté contenta, nosotros en Uruguay y en todas partes del mundo reconocieron el gran Mundial que hicimos, te da bronca porque era la chance de jugar una final del mundo. Pero ya está, ahora hay que ganarle a Alemania.
-No es lo mismo ser cuarto que tercero, entonces.
-Claro que no. Nosotros queremos ganar y ser terceros. Sería espectacular. Sobre todo, por el rival al que vamos a enfrentar.
Ya imagina Forlán la recepción en el Palacio Legislativo de Montevideo, en la zona de La Aguada. Una multitud de agradecidos uruguayos lo esperará en el aeropuerto de su lugar en el mundo: Carrasco. "Será maravilloso. Si llegamos ganadores, mejor". Lo dice esta fiera celeste que quiere ser el nuevo Rey de la selva de la pelota.
Los que quedaron:
Sudáfrica
-
Francia
-
Grecia
-
Nigeria
-
Eslovenia
-
Argelia
-
Australia
-
Serbia
-
Dinamarca
-
Camerún
-
Costa de Marfil
-
Corea del N.
-
Nueva Zelanda
-
Italia
-
Suiza
Honduras
-
Corea del S.
-
EE.UU.
-
Inglaterra
-
México
-
Eslovaquia
-
Chile
-
Japón
-
Portugal
-
Brasil
-
Ghana
-
Argentina
-
Paraguay
Forlán, la fiera celeste
El delantero uruguayo está nominado entre los diez mejores jugadores del Mundial y es aspirante al Botín de Oro. Dice que la gente está contenta con la actuación del equipo, pero le dura la bronca por no haber llegado a la final.
09/07/2010 - 21:36 / PORT ELIZABETH, ENVIADO ESPECIAL / Daniel Avellaneda - davellaneda@clarin.com
ENCUESTA
Sin Maradona, ¿quién debe ser el técnico de la Selección?




