Gelson Fernandes es una cara del fútbol de este tiempo: nacido en Praia, la capital de Cabo Verde, representa a Suiza por simple posesión de pasaporte. Empezó a jugar a los 18 años para el Sion, por unos pocos días no fue compañero de Carlos Tevez en el Manchester City y la última temporada actuó para el Saint Ettiene, de Francia. Fue el último en sumarse al plantel de Ottmar Hitzfeld, tras una muy buena actuación en el amistoso frente a Italia. Y ahora fue el primero en regalarle un grito a los numerosos hinchas suizos que vinieron a Sudáfrica.
Nacido entre los rigores de la antigua colonia portuguesa, recién independizada en 1975, once años antes del nacimiento de Gelson. Su país se caracterizó durante mucho tiempo por la trata de esclavos. "Los (esclavos) de Cabo Verde eran muy apreciados por su resistencia y robustez, que les hacían ser muy cotizados para trabajos duros [...]. Por el contrario, los procedentes de Santo Tomé por su fragilidad y disposición a la huida no se los valoraba", retrata José Luis Cortés López en su obra La esclavitud negra en la España peninsular del siglo XVI. Ahora, con apenas 500.000 habitantes, el archipiélago de Gelson trata de escaparle a sus penurias y a los despojos sufridos en otros tiempos.
Allí, donde la mayoría de sus pobladores son descendientes de esclavos, nació Gelson Fernandes. Ese mediocampista que ayer sorprendió al mundo con su arremetida y con su gol frente a España. Pero no sólo con eso: también con su velocidad y con su técnica para manejar la pelota. La FIFA no se equivocó: lo eligió como la figura de la cancha. "No soy un especialista en convertir goles. Pero esta vez se dio y me pone muy contento eso. Sé que fue muy importante para el equipo", dijo Gelson, tras la victoria. Agregó: "España jugó muy bien. Tuvimos suerte. Fuimos fuertes en defensa, pero la posesión fue de ellos. Para ganarle a España necesitás jugar muy bien y tener mucha suerte. Y esa suerte la tuvimos. Este triunfo es una nueva página en la historia de esta selección. Ahora esperamos poder sorprender también a Chile". En la conferencia de prensa, le preguntaban en alemán, en español, en inglés, en portugués. Y él entendía todos los idiomas. Como un ciudadano del mundo. Y del Mundial. Tenía un solo apuro: no llegar tarde al control antidoping.



