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Messi Una cuestión personal

Había tomado el Mundial de Sudáfrica como una revancha del de Alemania pero se quedó a mitad de camino. La salud de su madre y rumores sobre problemas familiares no ayudaron a que su rendimiento llegara al máximo.

05/07/2010 - 07:33 / PRETORIA, ENVIADO ESPECIAL / Fernando Gourovich - fgourovich@clarin.com

Llegó al continente africano con el objetivo central de colocarse la corona de Rey, ésa que en el Barcelona lleva tan bien puesta, que se ganó en buena ley por lo que demuestra constantemente. Mejor dicho: vino solamente para eso, para ratificar todo lo que el plantea futbolero venía sosteniendo sobre él. Desde hace cuatro años que esperaba esta revancha. Porque así lo tomó él a este Mundial, como una verdadera revancha personal. Mucho tiempo le llevó sacarse esa espina que le atravesó el corazón cuando en el estadio Olímpico de Berlín. José Néstor Pekerman no lo hizo jugar contra los alemanes, también, como ahora, por los cuartos de final. Su cara, su expresión y su figura desganada y aislada en el banco de los suplentes lo perturbó a él y a los suyos. En este tiempo, se preparó para revertir aquello y para, de una vez por todas, romperla con la celeste y blanca...
Pero no logró despojarse de ese karma Lionel Messi. No pudo y no lo ayudaron, vale la aclaración. Por factores futbolísticos que estuvieron a la vista de todo el mundo y por factores que cruzaron los límites de la cancha. Hay un detalle que trascendió en estas horas que sucedió un tiempito antes de esta cita mundialista y que seguramente atentó contra la inestabilidad emocional del crack del Barcelona: su mamá Celia sufrió un problema de salud y además trascendieron rumores sobre la separación de sus padres. Por eso, ni ella ni su papá Jorge, quien lo siguió siempre a todos lados desde muy pequeño, estuvieron en tierras africanas. Sí estuvo acompañado por sus hermanos, Matías, Rodrigo y Marisol y su novia rosarina, Antonella Roccuzzo. Ellos cuatro se alojaron en un barrio privado cerca del HPC de Pretoria.
Desde el cuerpo técnico, también sus compañeros, contemplaron estas situaciones e intentaron protegerlo, contenerlo, mimarlo. De hecho, Maradona lo ubicó en la habitación número 10 con el experimentado Juan Sebastián Verón. Pero él, inevitablemente, tenía la cabeza un poco lejos, allá en su Rosario natal. No hubo día que no llamara por teléfono para saber cómo estaba todo por su casa materna. En su entorno, algunos, intentaron justificar su performance despareja con esta compleja situación.
Su arranque en la primera ronda le abrió las puertas para que ingresarán las ilusiones múltiples: la descosió contra los nigerianos, estuvo muy participativo en la goleada ante los surcoreanos y ante Grecia, sin Javier Mascherano, Maradona decidió darle un poco más de responsabilidad al colocarle la cinta de capitán en su brazo izquierdo. Sin embargo, en los manos a manos contra México por los octavos y especialmente frente a Alemania, el partido tan esperado por él, no apareció en todo su esplendor. O no apareció todo lo que se esperaba de él. Jugó un partido con algunos chispazos y se fue desdibujando como todos los integrantes del equipo.
Pese a que no pudo festejar ni un mísero gol (el único gol en esta competencia fue el sexto en el 6 a 0 ante Serbia y Montenegro, en Alemania 2006), tuvo destellos que hicieron poner de pie a todos. Pero jamás pudo ponerse el equipo al hombro, ser ese jugador distinto, desequilibrante, sorprendente, genial, imprevisible. En realidad, a él no le interesa tanto ser ese líder que se le reclama. No quiere. El, lo único que desea es jugar a la pelota y nada más, no pretende ocupar otro lugar destacado.
En 2006 la imagen final de Messi fue con la cara por el piso porque no lo dejaron jugar ni un minuto (con el tiempo, Pekerman aseguró que no lo incluyó porque no estaba bien físicamente). Vino acá por todo. En este tiempo maduró, creció, se hizo más jugador, ganó muchísimos títulos, todos con la camiseta de "su" club, el Barcelona. Pero no le alcanzó y pegó la vuelta a casa repleto de frustraciones, con un llanto desconsolado y con una sensación de insatisfacción plena.
Nuevamente, Messi, el que vino acá para intentar ser el heredero de Maradona, el amo del mundo, deberá esperar otros cuatro largos años para saldar esa vieja deuda que mantiene con la Selección.

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