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La alegría posible

Honduras consiguió una dramática clasificación a la Copa del Mundo ayudada por un triunfo sufrido como local y una ayuda de resultados ajentos. En un país que todavía sufre las secuelas del golpe de Estado, la gente sueña con volver a dar la sorpresa en un Mundial.

13/11/2009 - 03:46 / Joaquín Finat - jfinat@clarin.com

Drama. Suspenso. Emoción. Tres condimentos que acompañaron el desenlace con un final feliz que fue la clasificación de Honduras a la Copa del Mundo. Porque el equipo conducido por el colombiano Reinaldo Rueda tuvo que sufrir hasta el extremo para conseguir el boleto y regresar a la máxima competición por segunda vez en su historia (hay que retroceder hasta España 1982 para encontrar su debut mundialista). Fue así como Honduras, que todavía se sacude por el conflicto interno que sucedió al golpe de Estado contra el presidente Zelaya, obtuvo la tercera plaza directa de la CONCACAF, detrás de Estados y Unidos y México, y mandó a Costa Rica al Repechaje.

Drama. Cuando quedaban dos fechas para la finalización del hexagonal, Honduras dependía de sí mismo. Honduras había ganado cuatro de los cinco partido como local y recibía a Estados Unidos. Fue derrota por 3-2. Pero no fue una caída más. Porque Carlos Pavon, el héroe de esta historia, tuvo un papel protagónico. Desperdició un penal sobre la hora y en el descuento malogró un gol debajo del arco. El sueño mundialista comenzaba a esfumarse.

Suspenso. Llegó la fecha final. Honduras debía ganar en El Salvador y esperar por una ayuda bendita de Estados Unidos ante Costa Rica. Sin embargo, desde Washington, las noticias no eran alentadoras. Dos goles de Bryan Ruiz les daban la ventaja y la clasificación a los Ticos. El panorama en el entretiempo era el peor: Honduras necesitaba la victoria y un empate de Estados Unidos. El escenario no era el mejor.

Emoción. 18 minutos del complemento y Pavón, con un cabezazo, le daba vida al sueño hondureño. Diez minutos más tarde, llegaba la primera buena noticia desde EE.UU.: el descuento de los locales. El milagro estaba ahí nomás. Y un tal Jonathan Bornstein se convirtió en el salvador de Honduras cuando en el quinto minuto de descuento puso el empate, enterró a Costa Rica, y le dio la clasificación al equipo de Rueda. Un final no apto para cardíacos.

Como pasó en Chile con Bielsa, en Honduras el héroe también fue un técnico extranjero: el colombiano Reinaldo Rueda, quien no había podido clasificar a su seleccionado para la Copa del Mundo de Alemania. El DT planificó las Eliminatorias y durante los primeros dos meses de su ciclo no realizó una sola convocatoria, sino que comenzó a hacer el diagnóstico de por qué ese país llevaba en ese momento 25 años sin ir a un Mundial.

Los cambios no tardaron en llegar. Por primera vez en la historia, Honduras participó en todos los Mundiales juveniles. El cimbronazo también llegó al seleccionado mayor, que logró su gran objetivo y consiguió el ansiado boleto a Sudáfrica de la mano de sus dos figuras: David Suazo y Carlos Pavón. Dos delanteros experimentados. Dos veteranos de guerra. Decisivos en la parte final del hexagonal con México, Estados Unidos, Costa Rica, Trinidad y Tobago y El Salvador. Los dos héroes de una película con final feliz.


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