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¿Hacía falta jugar así?

Esta vez con apoyo del público, Holanda estuvo cerca de conseguir lo que no había podido en 1974 y 1978. Pero en la final mostró un planteo mezquino y violento, en contra del mandato histórico.

11/07/2010 - 20:09 / JOHANNESBURGO / Federico Kotlar, enviado especial - fkotlar@clarin.com

El fútbol de Holanda vive horas muy dolorosas. Como en 1974 y 1978, perdió en el último partido la chance de ser campeón del mundo y ahora es el único seleccionado que, después de haber llegado a más de dos finales, nunca pudo levantar la Copa. Pero lo peor no fue la derrota, sino la forma en que se produjo y los métodos que se emplearon en un partido en el que por momentos se bordeó la vergüenza.

Desde el comienzo quedó claro que la apuesta del equipo de Van Marwijk iba más hacia el arco propio que al rival. Un enorme futbolista como Kuyt fue condenado a jugar en muchas oportunidades como segundo lateral por izquierda para tratar de tapar las subidas de Sergio Ramos. Algunas veces pudo, otras no -sobre todo en los primeros quince minutos-, pero lo que aportó en defensa redundó en energía perdida para la generación de juego. Algo parecido ocurrió con Sneijder, uno de los goleadores del Mundial, demasiado dedicado a la contención.

Más allá del legítimo aunque poco vistoso planteo, lo más grave fue la propensión al juego brusco de los jugadores holandeses, notoria desde los primeros minutos del partido. Ya a los 28 habían sido amonestados Van Persie, Van Bommel y De Jong, este último por una patada criminal contra Xabi Alonso que merecía expulsión. Terminó en total con siete amonestados y un expulsado (Heitinga, por doble amarilla), en un partido en el que si por algo se puede acusar al árbitro inglés Webb es por haberse quedado corto en las sanciones.

A sólo cinco minutos estuvo Holanda de llegar a la definición por penales que buscó casi descaradamente del segundo tiempo en adelante. El gol de Iniesta le aplicó el justo castigo al equipo de Van Marwijk, que fue pura desazón al final. El invicto de 25 partidos y la racha de 14 victorias al hilo se habían desvanecido y encima Sneijder encabezaba protestas airadas contra el árbitro.

Parece curioso pedirle un replanteo al fútbol holandés cuando su selección acaba de conseguir un subcampeonato del mundo. Pero sería doloroso que repitieran en el futuro una versión tan lejana de esa Naranja brillante del 74 y el 78, que al menos había perdido contra los locales. Después de todo, ni siquiera con el apoyo mayoritario del público sudafricano lograron que esta película, protagonizada por los chicos malos, tuviera el final con el que habían soñado.

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