Lleva en su ADN la estirpe ganadora de la antigua Checoslovaquia, finalista en los mundiales de 1934 y 1962. Pero Eslovaquia, desde el 1° de enero de 1993 cuando se separó de la República Checa, está escribiendo su propia historia. Y ayer completó la primera gran página, al eliminar nada menos que a Italia, el último campeón mundial.
El técnico Vladimir Weiss es uno de los mayores exponentes del fútbo eslovaco. Su padre, también Vladimir, fue futbolista y jugó en la Selección de Checoslovaquia que participó de los Juegos Olímpicos de Japón en 1964. El mismo integró el seleccionado checo en el Mundial de Italia 90. Ahora, a los 46 años, se dio el lujo de dirigir a la selección de su país y a su hijo, también Vladimir, un talentoso volante de 20 años que mostró algo destellos en los dos primeros partidos, pero ayer, en la victoria ante Italia, no jugó.
El equipo no tiene demasiados secretos. Es de los duros, de los que apuestan más a la fortaleza defensiva y a la resolución rápida de contraataque. Tiene una línea de cuatro disciplinaria, dos volantes de contención (Kucka y Strba), dos volantes bien abiertos (Hamsik y Stoch o Weiss), y volvió a funcionar la ubicación de Vittek, la gran figura del equipo hasta ahora, como enganche, y Jendrisek como único delantero. En cambio, no le fue bien ante Paraguay, cuando Weiss ubicó a Sestak de enganche y Vittek como único punta.
El objetivo de Weiss era superar la fase de grupos. Por eso habló de tragedia cuando Nueva Zelanda empató en el descuento. El triunfo ante Italia no estaba en los planes. Ahora está en la historia.



