El pésimo arbitraje del francés Stephane Lannoy, el peor en lo que va del Mundial, no alcanzó para empañar la victoria de Brasil, pero impide entender cuál es el criterio con el que se seleccionan los jueces para el torneo más importante de todos.
Lannoy erró en varias jugadas clave: primero, no vio una grosera mano de Luis Fabiano en la jugada del segundo gol. El delantero del Sevilla acomodó la pelota con su brazo derecho antes de anotar. Consumado el gol, el juez le consultó al 9 si había sido mano y el delantero le dijo que no mientras sonreía.
Sobre el final Lannoy expulsó a Kaká, que estaba amonestado, por un supuesto cabezazo a Doumbia que no existió. El marfileño simuló tras un choque y el árbitro "compró".
Además, ni siquiera cobró falta en una violentísima entrada de Tiene contra Elano, que debió salir. Apenas amonestó ante una tremenda entrada contra Michel Bastos. Dejó que Costa de Marfil apelara sistemáticamente al foul fuerte para parar a los brasileños. Y careció de autoridad cuando hubo empujones e insultos.
"Ladrao", le gritó Dunga -quien saltó varias veces del banco por los fallos-, después de la expulsión de Kaká. Lannoy había logrado enfurecerlo pese a la victoria.




