Sólo el fútbol está en condiciones de ofrecer un espectáculo como el que se vivió esta noche en el Soccer City de Johannesburgo. Una fiesta universal a cargo de más de 84.455 personas en las tribunas y de 22 futbolistas decididos a no fallarle a tanta expectativa.
Si en cada rincón de este Mundial manda el amarillo de la selección local, esta vez el estadio fue más amarillo que nunca. Remeras, banderas, camperas, gorros y cornetas. Brasileños y sudafricanos, en una mezcla que impidió identificar orígenes.
Juega Brasil en un Mundial y es una fiesta inconfundible. Basta caminar los alrededores del estadio para ver que Brasil tiene miles de hinchas propios (¿diez mil?) pero muchos más "prestados". Hay banderas inglesas, griegas, escocesas, panameñas, turcas, israelíes, libanesas y uruguayas. Y hasta una argentina allá arriba, en el tercer piso del majestuoso estadio.
Las otras no faltan: las verdes con el rombo amarillo, claro. Y las negras y blancas del Vasco da Gama, las rojas y negras del Flamengo, la del Timón del Corinthians. Pero manda el amarillo insuperable.
Los futbolistas son recibidos con miles de disparos de flash antes de los himnos y el arranque. De entrada Brasil luce maniatado, nervioso, y entonces la fiesta no es sólo color. E-eeó-eeó-eeó-eeó-Bra-sil!, se empieza a gritar desde una platea lateral para que todos se sumen.
Y Brasil responde con el gol de Luis Fabiano. Es locura que ni el final del primer tiempo logra acallar pese a que suenan bien fuerte Bob Marley y la canción del Mundial.
Si hasta hace menos frío que otras noches heladas ahora que el segundo tiempo entrega el nuevo gol de Luis Fabiano y la gente, para mostrar que hay brasileños y muchos, canta el típico Luis Fa-biaaa-no.
Sigue el vértigo en el campo y sigue la celebración afuera. Es imposible hablar con el de al lado cuando se arma la ola y se mezcla con las vuvuzelas, los tambores y los cantos. El gol de Elano desata el delirio y el partido pasa a segundo plano. Se festeja en el Soccer City, en las tribunas y en el banco -Dunga y su puño apretado-; pero también en Río, en San Pablo, en Goiania, en Ijuí, en Montenegro. Juega un equipo sudamericano contra un africano en Sudáfrica. Veintiuno de los 22 futbolistas actúan en clubes europeos. Los ven cientos de millones en todo el mundo. La fiesta es universal, pero la alegría es brasileña.




