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Todo es igual, nada es mejor

03/08/2010 - 07:39 / Horacio Pagani - hpagani@clarin.com

Se parece a una película de enredos. Una mala película. Y no puede creerse que esté basada en hechos reales. El carnaval que se desató en torno de la Selección llegó al extremo de la burla para los desprevenidos receptores de las declaraciones y las insinuaciones de los últimos días. El simple relato alcanza para la calificación. Todo comenzó el lunes con la reunión “secreta” entre Julio Grondona y Diego Maradona para tratar la continuidad del entrenador al frente de la Selección sin juicio alguno sobre los rendimientos del equipo. Ni en el Mundial, ni en todo el ciclo. Grondona sabía que Diego no iba a aceptar la propuesta de cambios en su cuerpo técnico. Si lo había adelantado la noche anterior por televisión. Se la planteó, sin embargo. Y recibió la respuesta prevista. El entrenador fue fiel a su gente. Al día siguiente, tras el informe del presidente, el Comité Ejecutivo de AFA avaló --sin un solo reclamo-- la no renovación del contrato de Maradona. Sergio Batista fue designado para los próximos partidos ante Irlanda y España. “No hay apuro para una designación final. Hasta fin de año seguirá Batista”. ¿Asunto terminado? No, por supuesto. Al día siguiente, en una declaración leída por él, Diego dijo que Grondona le “mintió” y que Bilardo lo “traicionó” . Y empezó la fiesta de las declaraciones. El presidente de AFA explicó con calma que no lo habían echado y que sólo le pidieron ajustes en su equipo, que no le había mentido cuando le manifestó que aprobaba su continuidad. Bilardo salió con un arsenal de diatribas para amenazar (tal como había hecho el año anterior, tras unas acusaciones de Mancuso) con decir “todo, y a fondo” en una conferencia de prensa fijada para ayer. Maradona que estaba tratando con las producciones de dos canales su presencia ante cámaras el domingo a la noche, prefirió esperar los dichos de Bilardo. Tal como en la ocasión anterior, Grondona lo frenó a Bilardo. Este suspendió la supuesta conferencia y cambió su confuso discurso para terminar diciendo que Maradona “no tiene cerradas las puertas de la Selección” . No tuvo en cuenta la resolución del Comité. Abrió sí las puertas del sainete. Como parte de un armisticio sugerido “desde arriba”, Mancuso --increíblemente-- se deshizo en elogios para el desempeño de Bilardo en su función de Director General, en Pretoria. El propio Bilardo había contado los desaires sufridos en la concentración. Nada importó. Se creó un clima instantáneo de “estudiada” cordialidad entre las partes. Maradona no habló más. Como si estuviera en proyecto un insólito retorno triunfal (¿con sus ayudantes? ¿sin sus ayudantes?) diez días después del disimulado despido. Sólo una denuncia pública de Ruggeri sobre una amenaza (de “pegarle un tiro en las patas” ) de Grondona, expresada en su charla con Diego, pareció enturbiar el nuevo camino de rosas. Hoy se vuelve a reunir el Comité Ejecutivo. Ni Discépolo hubiera podido describir un cambalache semejante.

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