Tocan la guitarra, cantan por Argentina, se abrazan con quienes pasan, se sacan fotos y algo más: también venden. Es que, sobre un banco de cemento, ubicaron gorritos y banderas celestes y blancas. Y ofrecen todo a puro grito y al mismo precio: “A 50 rands, a 50 rands”. A unos 25 pesos de los nuestros. Pero no hay caso. Casi nadie les compra. “En Alemania salió bien de entrada. Nos compraban todo. Acá ya le vamos a encontrar la vuelta. ¿Te parece bien el precio?”, le cuenta y pregunta a Clarín un hincha de Lanús, Martín Grabow. Y redondea: “Si seguimos así, vendo la guitarra, jajaja...”. Lo acompañan Ezequiel Pepi, de Mar del Plata y de River, Alejandro Castillo, de Banfield y... ¡¡¡un esloveno!!! que como ellos luce una camiseta celeste y blanca.
Capturada en la puerta del estadio a dos horas del partido, esa escena con nombres y apellidos contiene la esencia de la mayoría de las historias que se encuentran en un Mundial. Y que valen. Les sobra color. Como no son barras, transmiten pura naturalidad. Y vinieron por las suyas. Hay en ellos ingenio para conseguir un ticket de avión ultra barato: Martín pagó 850 dólares apenas por un pasaje abierto durante dos meses. Hay en ellos algo más de alivio económico y de lógica en el costo de un pasaje hasta aquí: Ezequiel abonó 2500. Hay en ellos aventura y universalidad: Martín llegó hace varios días, visitó el fascinante Parque Kruger y, como estaba ahí nomás de Mozambique, hacia allí siguió. Y en ese sitio tan singular conoció a Mihja Kramberger, a ese esloveno fanático de Boca y de Argentina, tanto que hasta canta “La Mano de Dios”, tema que patentó Rodrigo.
Con los bolsillos vacíos porque la venta no levantó, ingresan a la fiesta. Las vuvuzelas, cornetas nuestras, aturden. Muchos sudafricanos se muestran con los colores argentinos, como desafiando a la nutrida colonia nigeriana que pinta la tarde de verde. Hay camisetas de todos los colores y países. Hay banderas celestes y blancas con nombres, ciudades y mensajes. “En bolas al Obelisco”, se leía en una, refiriendo a la promesa de Diego si gana el Mundial. Miran famosos: Evo Morales, Susana Giménez, Valderrama, Maturana, Bianchi, Pichot, Capria, Francescoli, Chilavert, Batistuta, Ruggeri... Los cantitos son los clásicos. “Vamos, vamos Argentina...”, primero. “... El que no salta es un inglés”, ahí nomás. Y “Volveremos, volveremos...”. Al anunciarse la formación, cada jugador aparece en las pantallas. Gana Messi, segundo Tevez, tercero Mascherano. Pero si en esa competencia imaginaria corriera el DT, Maradona roba.
La piel se eriza con el himno seguido con un “ooo ooo ooo” tan festivo como respetuoso. Linda fórmula para un momento tan especial lejos de la tierra propia.
Como la Selección golpea de entrada, estalla una presunción: “Vení vení/cantá conmigo/ que un amigo vas a encontrar/ que de la mano de Maradona/ todos la vuelta vamos a dar”. No hay goleada porque a Messi, para ser el del Barcelona, sólo le falta el gol; y a Higuaín para ser el del Madrid, igual. Así crece la incertidumbre, aumentan los silencios y, al final, el alivio: la victoria que esos 10 mil argentinos merecían porque en las tribunas supieron ganar.
Los que quedaron:
Sudáfrica
-
Francia
-
Grecia
-
Nigeria
-
Eslovenia
-
Argelia
-
Australia
-
Serbia
-
Dinamarca
-
Camerún
-
Costa de Marfil
-
Corea del N.
-
Nueva Zelanda
-
Italia
-
Suiza
Honduras
-
Corea del S.
-
EE.UU.
-
Inglaterra
-
México
-
Eslovaquia
-
Chile
-
Japón
-
Portugal
-
Brasil
-
Ghana
-
Argentina
-
Paraguay
Los hinchas supieron golear
No son barrabravas, son fanáticos de la Selección que hicieron un gran esfuerzo para llegar hasta Sudáfrica. En Johannesburgo alentaron, disfrutaron y entonaron el clásico “Volveremos, volveremos...”
13/06/2010 - 11:12 / JOHANNESBURGO, ENVIADO ESPECIAL / Enrique Gastañaga - egastanaga@clarin.com
ENCUESTA
Sin Maradona, ¿quién debe ser el técnico de la Selección?



