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La canción es la misma: hay ataque, pero falta más juego

La saludable intención de Maradona de darle identidad ofensivo al equipo se mantiene, pero el equipo continúa desequilibrado porque le falta elaboración de juego. Y los más capaces para eso tienen pocas chances de jugar.

28/06/2010 - 07:32 / JOHANNESBURGO / Horacio Pagani, enviado especial - hpagani@clarin.com

El tren de victorias sigue y habría que festejarlo, según la fría realidad de los números. Pero no es así, en realidad. Aunque se enoje Maradona, tan susceptible ante la menor crítica. Porque él -íntimamente- sabe muy bien que una actuación como ésta ante un rival tan débil como México no puede ser un buen augurio para el próximo enfrentamiento con Alemania. La pregunta surge sola: ¿qué pasó para que después de tres buenas demostraciones ofensivas, el equipo pegara este retroceso que no disimula el 3-1 de la victoria? Se sabía lo del desequilibrio que provoca el esquema de ataque y el riesgo que podría acarrear frente a rivales más serios que los del Grupo B que tocó en el reparto. Pero se saludaba la audacia de Diego, de todos modos. Porque a la falta de estructura para la creación de juego en la zona media se la compensaba con esta apuesta novedosa de su ciclo en la Selección. Para este encuentro frente a México el entrenador eligió hacer algunos ajustes para proteger la zona aparentemente más endeble: el costado derecho desde el medio hacia atrás. Para intentarlo decidió sacrificar a dos de sus preferidos, según sus palabras: Jonás Gutiérrez y Juan Sebastián Verón. Pensó -con sus ayudantes- que Otamendi podía brindar más seguridad en el lateral. Y que Maxi Rodríguez podía cumplir mejor el rol de auxilio de Mascherano. Entonces, olvidó sus compromisos sentimentales para buscar mejores soluciones al equipo.
Se esperaba la reacción ante adversarios más bravos, está dicho.Pero México no lo fue, ciertamente. Y allí nace el interrogante del principio. De golpe, se comprobó que la falta de generación de juego en el medio tomaba importancia si Messi no acertaba con sus veloces apiladas del medio hacia arriba. Y Messi no tuvo una actuación feliz. Entonces, frente a un equipo de capacidades limitadas (que recibió dos goles accidentales) pero que en el segundo tiempo se propuso manejar la pelota, no hubo disputa para impedírselo. Ni siquiera la amplia ventaja en el marcador permitió el control del juego. Y ése es un punto para atender, verdaderamente. Maradona pareció cumplir con los primeros dos cambios con una especie de mea culpa porque ingresaron Verón y Jonás, los dos reemplazados. No buscó otra variante para probar la forma de controlar mejor el balón y generar fútbol en el medio. Si el resultado lo permitía. Se sabe -porque lo desmotraron en el partido frente a Grecia- que Mario Bolatti y Javier Pastore son dos buenas alternativas para participar de la circulación y darle respaldo a Messi.
Los delanteros cumplieron con sus roles. Tevez, en la posición que más le conviene, hizo dos; e Higuaín aprovechó con habilidad un error ajeno y marcó el otro. Eso funcionó. Entonces, lo de arriba está bien. Hay fuego de gol. Pero si después de tres partidos para la ilusión (al margen del valor de los rivales) se produce un bajón semejante frente a un adversario de talla parecida a los otros, aunque con el simple reflejo de querer tener la pelota, se presume que habrá que tomar decisiones importantes. Tienen Maradona y su cuerpo técnico seis días -algo inusual en un Mundial- para planear el proyecto de juego y los integrantes del equipo para enfrentar a Alemania. Cuatro partidos, cuatro triunfos, es un lindo estandarte para mostrar. Pero el peor de los pecados sería dejarse cegar por esa simple evidencia. Alemania será un adversario de primera clase, sin dudas. Tras el tropiezo inicial con Serbia demostró que tiene juego y protagonistas como para que se lo respete de verdad.
Pero si esta Selección pergeñada por Diego hizo base en su pretensión ofensiva sería un crimen que la resignara. Claro, habrá que encontrar la fórmula para respaldarla. Porque esto de México fue un llamado de atención.

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