La Plaza San Martín fue un hervidero de fanáticos del único equipo que, hasta el momento, ha ganado sus tres partidos disputados en Sudáfrica. "Hoy cerré más temprano para venir acá, pero valió la pena", dijo José, un comerciante que se acercó a Retiro junto a un amigo.
Un grupo heterogéneo de personas colmó la plaza donde la pantalla gigante mostraba el esfuerzo de los griegos por anular a Messi y compañía. "Hoy hay que ganar para llegar bien a octavos", dijo en el entretiempo Miguel Santos.
Mientras la multitud sufría por no poder romper el cero, Heber Ludueña (el famoso personaje de exjugador de fútbol compuesto por Luis Rubio) animaba la espera para calmar la sed de fútbol en el ambiente.
Con el desahogo del primer grito de gol la gente se relajó. Así, comenzaron a cantar y delirar con cada intervención de la "Pulga". Pero la alegría no fue completa hasta que apareció el "muchacho de la película" -tal como lo llamó Diego- y convirtió el segundo que selló el dos a cero.
Ya desde su ingreso en cancha, Martín Palermo generó en la plaza porteña, un murmullo que preveía lo que minutos después fue realidad: otra página de su novelesca historia. "Cada vez que entra la mete" o "Tiene que poner a Palermo de titular y salimos campeones", fueron las frases que sonaron con fuerza al concluir el encuentro.
El domingo, Argentina se medirá con el difícil seleccionado de México en lo que será la reedición de los octavos de final de Alemania 2006. Esperemos que el ganador sea el mismo, pero que esta vez no haya que sufrir tanto.



