Sí, nació el dieguismo. Después de una larga gestación en Eliminatorias y amistosos, como un desprendimiento del diegobilardismo, dejando de lado aquella convicción de jugar con cuatro centrales en el fondo, con un 4-4-2 expectante, priorizando el contragolpe.
Cambió Diego y no hay que escandalizarse. En un flash dejó de lado el técnico conservador y permitió que surgiera el técnico ofensivo, más cercano al fútbol que él jugaba. Rompió el cordón umbilical que lo unía a Bilardo y se dejó llevar por su intuición: poner a Tevez, pasar a Jonás Gutiérrez de extraño lateral y que todo se acomode de alguna manera, sin demasiado trabajo detrás. Por fin, Maradona logró darle su propia impronta a la Selección. No hay garantías, claro, nunca las hay y menos con Maradona, que también es cambiante y ciclotímico como técnico.
Sin embargo, su mejor capital, hasta aquí, no es táctico sino la cercanía con el jugador, un combustible de motivación impresionante para el plantel, que en algún momento puede jugarle en contra. ¿Tendrá Diego la mano firme para sacar a algún jugador que no esté en el nivel necesario? ¿Tendrá el equilibrio para manejar una situación desfavorable? Habrá que esperar, el dieguismo es joven.
Los que quedaron:
Sudáfrica
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Francia
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Grecia
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Nigeria
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Eslovenia
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Argelia
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Australia
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Serbia
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Dinamarca
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Camerún
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Costa de Marfil
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Corea del N.
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Nueva Zelanda
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Italia
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Suiza
Honduras
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Corea del S.
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EE.UU.
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Inglaterra
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México
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Eslovaquia
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Chile
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Japón
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Portugal
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Brasil
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Ghana
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Argentina
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Paraguay
En Pretoria, por fin, nació el dieguismo
21/06/2010 - 06:20 / PRETORIA / Adrián Maladesky, enviado especial - amaladesky@clarin.com
ENCUESTA
Sin Maradona, ¿quién debe ser el técnico de la Selección?



