Es el hombre gol y si algo le faltaba a Palermo era convertir en un Mundial de fútbol. Y lo hizo. Convirtió el 2-0 de Argentina sobre Grecia y todo el mundo fue a abrazar al hombre de Boca, en uno de los días más felices de su carrera. Fue un derechazo al segundo palo, tras una jugada que había iniciado Messi.
"Esto es único, es impagable. Le voy a agradecer siempre a Diego, al cuerpo técnico, que confió en mí, sabiendo que hay figuras delante mío", dijo el goleador, emocionado, casi hasta las lágrimas, una vez finalizado el partido.
La alegría del delantero no podía ser menor. Pero ese gol no fue sólo de él, sino de todos los que lo gritaron más de lo normal. "Mis compañeros me abrazaron como si el gol fuera de ellos", reconoció Martín, que se abrazó con Diego y fue a festejarlo con su hijo, que estaba en la tribuna, en el Polokwane.
Cargado de emoción, Palermo tuvo tiempo de enfriar el entusiasmo y pensar en lo que se viene para la Selección. "Vamos paso a paso y creo que estamos por el buen camino. Al hincha le digo que esté tranquilo, que hay un grupo bárbaro. Vamos en crecimiento, hoy volvimos a demostrarlo. Que se queden tranquilos que vamos a dejar todo", manifestó el Titán.




