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Las 24 horas soñadas de Palermo

Desde que hizo el gol en Polokwane hasta la conferencia de prensa en Pretoria. El día del Titán tras su primer gol en el Mundial: "Me guardé las lágrimas para otro momento", dijo.

23/06/2010 - 16:26 / PRETORIA, ENVIADO ESPECIAL / Juan Lagares - jlagares@clarin.com

Iban 44 minutos del segundo tiempo ante Grecia cuando Martín Palermo convirtió su primer gol, a los 36 años y 277 días, en un Mundial. Se convirtió en el jugador más veterano en convertir en la Copa del Mundo para Argentina superando a Diego Maradona, y después vivió 24 horas soñadas.

Disfrutó los minutos que quedaban del partido. Se abrazó con Maradona y con cada uno de sus compañeros. Llegó al vesuario, se sentó, se sacó los botines y respiró hondo. Aguantó las lágrimas, pero no la emoción. Se bañó, se cambió y salió a la zona mixta. Se quedó casi una hora, habló con todos y de todo. A las 12 en punto se subió al micro y viajó desde Polokwane hacia Pretoria con el resto del plantel.

En el viaje, que duró unas 5 horas, su celular no paró de sonar. Amigos, familiares, conocidos, colegas... Todos llamando o mandando mensajes de texto para saludarlo. Otra vez la emoción, la presión en el pecho. Pero aguantó la lágrima el Titán.

La llegada a la Universidad de Pretoria fue a la madrugada. Se acostó e intentó descansar. Pero le costó a Palermo. El gol se sucedía en su cabeza una y otra vez. El abrazo con su hijo Ryduan, que gritó el gol con el alma en la platea del Peter Mokaba; las palabras de su papá, Carlos -"Es una emoción enorme, pero mi hijo ya me tiene acostumbrado, tiene más de 200 goles"-, el llanto de la mamá María Juana y el orgullo en carne viva de su hermano Gabriel, todo en una olla que se cocinaba a fuego lento en la cabeza del goleador. Todo mientras luchaba contra el sueño, para no dormirse, para no terminar con el sueño.

La mañana lo encontró a Palermo recordando el grito de gol y el festejo con sus compañeros. "Es un orgullo estar en un plantel donde está Martín", diría más tarde Jonás Gutiérrez. Se lavó la cara y se fue a reencontrar con ellos para desayunar. Casi lo ovacionan cuando entró al comedor del HPC.

Pero enseguida a pensar en lo que viene. Se aguantó la lágrima Martín. Primero al gimnasio y por la tarde al campo de juego, a practicar fútbol. Estuvo en el equipo ante los sparrings, él que había jugado "diez minutos" y que se "jugó la vida", como le pidió Maradona.

Pasó por la ducha, dio un par de notas exclusivas con la televisión (otra vez) y salió a la conferencia de prensa. "No lloré. Me aguanté las lágrimas para otro momento. Espero que sea el 11 de junio, con la Copa", dijo el Titán y se fue a cenar, pensando ya en el próximo grito.


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