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Maradona nunca empata

Las estadísticas no son malas, pero una vez más, en el choque decisivo, el técnico equivocó la táctica.

28/07/2010 - 08:23 / Adrián Maladesky - amaladesky@clarin.com

Sí, no hay empates en la historia reciente de Maradona como entrenador. Hay triunfos grandilocuentes, exagerados en el existismo del momento, y derrotas dolorosas, inapelables.
El dato parece elegido para defender una teoría. En el año, ocho meses y 29 días que duró su mandato (el más breve de un técnico de la Selección Argentina desde Menotti en adelante), Maradona no empató ningún partido. Toda una metáfora estadística de una vida que huye de los grises: Maradona gana o pierde. Nunca empata. Y cuando pierde, suele ser por goleada y es tapa de todos los diarios del mundo. Como en el Mundial 94, con pantalones cortos; como en el Mundial 2010, con saco y corbata.
Como entrenador lo apabulló Bolivia en La Paz, lo desnudó Brasil en Rosario, lo bofeteó Alemania en Ciudad del Cabo y lo remató Grondona en Buenos Aires. Todos lo sorprendieron con la guardia baja, confiado, casi indefenso, insólitamente mal parado.
El lunes, con máxima ingenuidad, llegó a la reunión con el presidente de la AFA acompañado por el eco de sus últimas declaraciones, en las que aseguraba que no dejaría que le tocaran ni siquiera a un utilero y pensando en sumar a Ruggeri a su escudería. Grondona le cuestionó hasta el cocinero y el mozo. Le cortó las piernas, 16 años después. Sin autocrítica, sin medir tiempos ni paraguas políticos, Maradona desafió a todos con un viaje a Venezuela de sorprendentes consecuencias, postergando reuniones sobre su futuro y visitas políticamente correctas.
Después de la depresión post Sudáfrica se sintió otra vez con derecho a reclamar, se sintió otra vez Maradona. Como en el Mundial, cuando dijo que le dieron un "baile bárbaro" a México o cuando interpretó que la única diferencia con Alemania fue que "ellos la metieron y nosotros no", vio una realidad maradoniana, irreal. Pero en algún momento la verdadera realidad noquea, como Schweisteiger y Cía, y a la hora de la decisión final le jugaron en contra el resultado en Sudáfrica, el equipo que nunca pudo armar, el Messi que nunca supo aprovechar, un entorno injustificable de amigos, hermanos de, novios de, y largos etcéteras.
Y un Grondona que no pisaba Pretoria, pero que escuchaba y esperaba.
Claro, nada de todo puede sorprender al Jefe que se hace el sorprendido y que resuelve a su manera, poniendo el dedo acusador sobre todos, menos sobre Maradona (a quien deja sin opciones, desmintiendo aquello de que es el único que hace lo que quiere), sobre Bilardo (a quien deja libre de culpas) y sobre las verdaderas razones, que esconde.
Ahora, con una mínima distancia sobre los hechos recientes, se ve otro suicidio de Maradona como técnico de la Selección. Diego fue, una vez más, a jugar el partido decisivo con una estrategia infantil, desconociendo o subestimando al rival (increible después de treinta años de convivencia con Grondona) a ganar o perder, porque el empate no aparece en los planteos tácticos de su vida.
Y se fue goleado, absurdamente goleado.

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