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Maradona acusa: "Sólo cuidan sus intereses y sus cuentas bancarias"

El ex entrenador de Argentina le pegó más que duro a Grondona y a Bilardo. Su equipo lo respaldó a pleno.

29/07/2010 - 08:36 / Daniel Avellaneda - Fernando Duclos - davellaneda@clarin.com, fduclos@clarin.com

Habla de luto. Y su rostro, golpeado, vencido por un día duro, acompaña esa sensación que transmite desde sus labios. A unos metros, Dalma estruja las tres carillas que su padre redactó con bronca y tristeza. Y se seca las lágrimas. Gianinna también llora. Quizá, entonces, se pueda entender esa palabra que utiliza Maradona para expresar su dolor. De hecho, siempre fue así Diego. Por más que suene exagerado, algo se murió dentro suyo.

El clan de quien hasta el martes fue el técnico de la Selección le agrega clima de velorio a ese coqueto salón del restorán El Mangrullo que parece una broma de mal gusto para el astro: se llama Don Julio. A metros de la autopista Riccheri, propiedad de su amigo Gastón Granados, hijo del intendente de Ezeiza, el mismo que le prestó su casa en el barrio La Celia para reunirse con Julio Grondona, esta parrilla es el escenario de un discurso que a esa altura de la tarde ya resulta cantado. En especial, después de haber escuchado a dos de sus cuestionados colaboradores, Héctor Enrique y Fernando Signorini, quienes ya habían agitado a la prensa cuarenta minutos antes del instante que Maradona elige para sentarse ante el auditorio de periodistas, familiares y amigos, y leer un comunicado que pide preguntas que no tienen respuesta.

“Yo lo tenía arriba a Carlos. Pero él tiene que dar un paso al costado. Si Bilardo quiere fallar a su palabra, entonces que siga. Yo me voy porque quiero mirar a mis hijos a la cara”, había disparado el Negro, campeón del mundo con Diego en el Mundial de México ‘86. “Tengo mala vista, pero buen oído. Y yo escuché que la suerte de Bilardo estaba atada a la Diego. Pero Carlos es un tipo grande. Yo no le voy a decir lo que tiene que hacer”, había afirmado el preparador físico.

Atrás quedan esas balas dialécticas y ese diluvio de flashes que empapa al ídolo que hace todo lo posible para que no se le ahogue la sonrisa. Intenta empezar a hablar, pero interrumpe Felipe Fernández, un señor de 61 años que le dice que “lo tuyo no puede terminar así”, que tiene que haber “una contrapropuesta”. “Ya está. No soy más el técnico. No por decisión mía”, le responde Maradona a ese hombre de bigotes blancos que asegura ser técnico como él, pero en el colegio Santa Ana de Ciudad Evita. Alejandro Mancuso aplaude con rabia. Y pese al gesto de otro de los ayudantes apuntados, todo parece espontáneo.

Hay dos enemigos encerrados entre esas hojas que Diego preparó. “Grondona me mintió y Bilardo me traicionó”, apunta el ex técnico de la Selección Nacional. La tensión se respira en una sala en la que además de Dalma, Gianinna, Enrique, Mancuso y Signorini, está Oscar Ruggeri, uno de los principales motivos de su despedida. A fin de cuentas, al mandamás de la AFA le generaba un fastidio absoluto la presencia del Cabezón en las cercanías de ese cuerpo técnico que quiso disolver, algo que Maradona no permitió. “Defiendo a toda mi gente, desde el masajista al utilero y no voy a cambiar (...) porque tengo valores y códigos”, afirma con tono monocorde, mientras Verónica Ojeda, su novia, observa por encima del hombro de una de las personas de ese séquito que acompaña a quien fuera el mejor de todos en cada uno de sus pasos y que tanto molesta a Grondona.

Hay más palos para Bilardo. Porque Diego juega con el texto e improvisa. “Cuando nosotros estábamos de luto el señor... bueno, señor no, Bilardo trabajaba en las sombras para echarme”, apunta. Y sigue: “La lista que me pidió Grondona era un tocuén. Tocuén es cuento”, sostiene con vehemencia y levanta la mirada. “Bilardo y Humberto ya la habían hecho”, completa. El hijo de Grondona también cae en la volteada. Desde el entorno de Maradona, ya habían deslizado que el coordinador de las Selecciones Juveniles también estaba detrás de su despido. Y que todo se había pergeñado durante una reunión que Grondonita -está en Asunción con la Selección Sub 20-- y el Narigón mantuvieron el viernes de la semana pasada.

La bomba explota un momento más tarde. Es cuando Maradona dice algo que no está escrito en el comunicado que, un rato después, entrega Fernando Molina, su yerno y asistente de prensa. Asegura Diego: “Agarre quien agarre, que sepa que la traición está a la vuelta de la esquina y que hay personajes que no quieren el bien del fútbol argentino, sólo cuidan sus intereses y sus cuentas bancarias”.
Ese penúltimo párrafo reza, textual, “intereses personales”. Pero Maradona le agrega picante. Menciona “cuentas bancarias” y abre otro frente de tormenta.

El final de su monólogo llega tras diez minutos. Asegura que se va “con la conciencia tranquila” porque “por la camiseta argentina, he dejado absolutamente todo”. Agradece y se marcha dejando un montón de interrogantes. ¿Por qué dice que hizo una autocrítica interna? ¿Cuáles fueron sus aciertos y sus errores? ¿Realmente cree que su trabajo en la Selección fue mejorando día a día? ¿A qué se refiere cuándo habla de intereses y cuentas bancarias? ¿Quiere decir que se hacen negocios en la Selección?

Se pierde por una puerta, la misma por donde vino. Un regimiento de periodistas enloquece esperando su salida. Un grupo de hinchas cuelga una bandera que tiene su rostro y una leyenda: “Amor eterno”. Come una picada y elude a todos, como cuando jugaba, con una gambeta que nadie prevé. Ya dijo su verdad. Ahora, este Diego de luto buscará volver a nacer.

ENCUESTA

Sin Maradona, ¿quién debe ser el técnico de la Selección?

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