El gol de Gabriel Heinze tiene una belleza estética, una ropa, que le queda mejor a los delanteros del equipo. Esos que, por la buena respuesta del arquero Enyeama o la mala decisión -sobre todo en el caso de Gonzalo Higuaín- no encontraron la resolución en el pase a la red. El marcador central, también lateral por la izquierda, esta vez se elevó sobre el punto del penal, en soledad por la ingenuidad de los defensores nigerianos, y con una palomita que ingresó al ángulo abrió el camino para lo que pudo ser un festival. De entrada, a los seis minutos, como para que esa adrenalina del primer partido ofrezca un control distinto y otras libertades. Y, también, como para que todo ese poder ofensivo tenga un lucimiento que no pudo ser. Con el gol menos pensado, y con la cabeza. De un córner, el Gringo...
Ese grito, eufórico, con el alma, la carrera hacia el banco de los suplentes, el abrazo interminable. Heinze abre la boca grande, sabe de cuestionamientos y de coraje -eso que rara vez se le pueda discutir-. Sabe, además, que su gol, el que inicia la carrera en el Mundial, es siempre el más complicado. Entonces lo festeja una vez, se carga de esa emoción y, en el final del partido, sale del campo de juego levantando sus brazos, dando besos, miles de besos a su camiseta.
El papel carbónico, ese gol que ante Nigeria, en un debut mundialista, de cabeza y tras un córner de Juan Sebastián Verón, anotó Gabriel Batistuta en Corea-Japón 2002, se traza luego de ocho años. Y esta vez, en el desenlace, también se da el mismo resultado. La diferencia sí se marcó en el desarrollo. Porque Argentina bien pudo armar una goleada con Lionel Messi y su talento. No en vano Diego Maradona avisa eso de “no perdonar más”. Un poco por la mala puntería, otro mucho por las manos y los pies del arquero rival. Que sacó de arriba y de abajo pero no pudo con semejante cabezazo de Heinze, el hombre que juega de central, con línea de tres, de lateral por la izquierda y siempre dice presente -más allá de los entrenadores- desde que Marcelo Bielsa lo convocó por primera vez y se dio el gusto de jugar el Mundial de Alemania 2006 con José Pekerman a cargo del plantel, además de los Juegos Olímpicos en Atenas 04.
Esta vez, Heinze no se destacó por su capacidad para la marca, por la entrega o la firmeza en el fondo. De hecho, esa parte de la historia no fue su mejor arma en la tarde de Johannesburgo. Se mandó al área en la pelota detenida, con la ilusión de anotar un gol en el Mundial y le sacó todo el brillo a la pincelada de Verón. El central se dio el gusto que no pudieron los delanteros, esos que llevan sus goles por el mundo en los distintos equipos y a los que les fató un último toque. A diferencia de lo que sucedía desde Estados Unidos 94 (Batistuta anotó el primero en el debut y repitió en Francia 98 y Corea-Japón 02) y se prolongó hasta Alemania con el tanto de Hernán Crespo ante Costa de Marfil, Heinze hizo de nueve.
Los que quedaron:
Sudáfrica
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Francia
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Grecia
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Nigeria
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Eslovenia
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Argelia
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Australia
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Serbia
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Dinamarca
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Camerún
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Costa de Marfil
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Corea del N.
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Nueva Zelanda
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Italia
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Suiza
Honduras
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Corea del S.
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EE.UU.
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Inglaterra
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México
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Eslovaquia
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Chile
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Japón
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Portugal
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Brasil
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Ghana
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Argentina
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Paraguay
Heinze, goleador inesperado
A la selección le sobran delanteros pero esta vez definio un defensor. Gabriel Heinze ganó en el punto del penal y clavó una palomita en el ángulo. Fue el único gol de un partido en que Argentina desperdició muchas situaciones propicias.
13/06/2010 - 11:22 / JOHANNESBURGO, ENVIADO ESPECIAL / Marcelo Máximo - mmaximo@clarin.com
ENCUESTA
Sin Maradona, ¿quién debe ser el técnico de la Selección?




