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Perdieron ellos, falta el triunfo propio

02/07/2010 - 22:42 / ENVIADO ESPECIAL / Daniel Lagares - dlagares@clarin.com

La derrota del otro no garantiza el triunfo propio, pero cuando el árbitro japonés pitó el final en Port Elizabeth y sentenció la eliminación de Brasil, como mínimo, una sensación de alivio se esparció por todo el país. Y en las calles de esta ciudad, "tomada" por los argentinos. Y en el campamento de la Selección. Y en la cara indisimulable de Maradona durante una conferencia de prensa en la que varias veces se advirtieron signos de estallido inminente. Todavía falta jugar con Alemania.


Argentina le ganó a Brasil sin enfrentarlo en la cancha. Brasil se toma el avión, Argentina aún tiene la chance de avanzar en el Mundial y debe obligadamente ratificar sus aspiraciones. Debe ser difícil para el hincha entusiasmado llegar a entender la diferencia entre la desgracia ajena y la todavía no alcanzada felicidad propia. Si nos cuesta a quienes tenemos la obligación de mantener fría la cabeza... Y es en ese punto, mínimo, casi invisible, donde está el mojón de la frontera que separa al argentino patriotero e insoportable del hombre común sensatamente contento. La ilusión que se ve aquí, la que se constata que en el país pasó a la exultación. También es breve el recorrido al descenso de la tristeza más profunda. Siempre conviene estar precavido, la pelota parece una mosquita muerta que muta en viuda negra, mata, huye.

Hay evidentes señales en el plantel argentino de que el adiós de Brasil fue vivido como un desahogo. Hay un rival menos. Para ser campeón mundial, el camino lógico indicaba vencer a Alemania, luego a España (aunque hoy todos estarán con Paraguay) y definir en 90, 120 o penales con Brasil. Como Brasil no está, Holanda o Uruguay significan rivales más accesibles que los brasleños, aunque la instancia los potencie.
El gran riesgo es que ese alivio, que ese impulso anímico recibido por el 2-1 de los holandeses, se multiplique hasta convertirse en un peligroso boomerang. Los españoles acuñaron una frase que de tan repetida perdió originalidad pero no significado. Es sencilla, elocuente y definitiva: "No hay que vender la piel del oso antes de cazarlo". Hay demasiada experiencia en el plantel argentino como para evitar la moraleja del oso. También hay ríos de adrenalina, a veces en torrente, a veces contenida por los diques emocionales como los que a duras penas levantó ayer el propio Maradona. Hasta aquí, Argentina ha hecho un buen Mundial pero entra en esos metros finales donde deberá administrar con maestría el acelerador y el freno. Brasil no está más, se fue. Pero están todos los demás, que son menos que Brasil pero no mucho menos que Argentina.

Manejar el crescendo, el viejo paso a paso de Mostaza, parece lo más conveniente. En la cancha, en las tribunas y en las calles.


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